La variation linguistique dans les langues de l’Italie préromaine
CMO 45, Maison de l’Orient et de la Méditerranée, Lyon, 2011
Variación y cambio en etrusco
los genitivos arnθ(i)al y larθ(i)al
Ignasi‑Xavier Adiego
Universitat de Barcelona
Las dificultades de una aproximación variacionista a las lenguas antiguas son bien conocidas y no merecerán aquí una larga discusión : al tratar con dicha clase de lenguas, debemos conformarnos con corpus escritos que presumiblemente reflejan los modos de habla de aquellas clases que tenían acceso a la escritura. Además, en bastantes casos, estos corpus están sometidos a una tradición que podemos denominar « estandarizada », a través de la existencia de escuelas de escritura, lo que fácilmente puede haber llevado a una « congelación » de la lengua escrita : la lengua acaba siendo fijada mediante la elección de una forma concreta en detrimento de otras variantes, y de este modo la variación diatópica, diastrática y diacrónica que existía en la realidad queda fuera del registro escrito.
Sin embargo, es innegable que las lenguas antiguas, incluyendo el etrusco, ofrecen ejemplos de alternancias fonológicas, morfológicas y también sintácticas y, aunque dichos ejemplos son, por las razones mencionadas, sólo un pálido reflejo de una situación mucho más compleja, puede considerarse como muestras de la existencia de variación en una determinada lengua. El problema es entonces cómo interpretar dichas variaciones. Curiosamente, al menos para el etrusco, las interpretaciones de tipo variacionista son muy infrecuentes. Puede suponerse que una razón de peso para esta falta de aproximaciones variacionistas es que este tipo de enfoque necesita un conjunto de datos suficientes, no simplemente unos ejemplos aislados y en muchos casos ambiguos de variación, como es a menudo el caso del etrusco.
Pero más allá de esta obvia limitación, hay en mi opinión una especie de inercia que impone sólo dos posibles perspectivas ante cualquier caso de alternancia gráfica, del tipo de la que analizaremos aquí : o bien (1) esta alternancia gráfica es interpretada como el reflejo de la dificultad de recoger un tipo concreto de sonido (por lo que la variación gráfica es puramente gráfica, no fonética) ; o (2) esta alternancia gráfica ha de ser interpretada a la luz de la lingüística histórica tradicional, según la cual dos formas alternantes son consideradas como el punto de partida y el punto de llegada, respectivamente, de un cambio fonológico, y la tarea del estudioso consiste
page 62entonces en ordenar la sucesión de ambas formas. Sólo cuando existen evidencias muy claras de una variación dialectal, esto es, diatópica, esta posibilidad es tomada en consideración. Por último, la interpretación en términos de variación diastrática es muy pocas veces insinuada.
Un buen ejemplo de esta aproximación más tradicional puede encontrarse en un reciente artículo de Agostiniani – por otra parte excelente, como es habitual – cuyo título significativamente reza « Varietà (diacroniche e geografiche) della lingua etrusca ». Agostiniani nos recuerda la escasez de variación en el corpus etrusco y cómo casi siempre ésta es interpretable desde un punto de vista cronológico y, sólo en unos pocos casos, desde un punto de vista areal (esto es, diatópico).
En este trabajo, comentaré un caso concreto de variación en etrusco, con la finalidad de ver las respuestas que se le han dado y para llamar la atención sobre algunos aspectos más cercanos a una perspectiva variacionista, aun asumiendo las limitaciones de este tipo de perspectiva cuando se aplica al etrusco. Se trata de los genitivos de los nombres de persona masculinos arnθ y larθ. Como se sabe, en etrusco reciente encontramos las alternancias en estricto paralelismo arnθial / arnθal y larθial / larθal. La situación puede retrotraerse al etrusco arcaico en el caso del nombre larθ, ya que encontramos larθia y larθa (con ausencia de l final, un hecho bien conocido de la morfología etrusca arcaica). En el caso de arnθ, los ejemplos arcaicos de los que tengo constancia hasta hoy presentan todos i : araθia, araθiia, aranθia, arunθia.
Podemos hablar de dos tendencias en la interpretación de estas alternancias en los estudios etruscos actuales, y estas dos tendencias representan, respectivamente, las dos aproximaciones que hemos calificado de tradicionales : la explicación en términos puramente gráficos (la alternancia ocultaría una articulación fonológica particular) y la explicación diacrónica, que situaría cada forma al principio y al final de un proceso de cambio fonético.
La explicación gráfica es la de Rix (1984, p. 208). Como se sabe, Rix desarrolló la idea de que en realidad etrusco θ representaba un sonido palatalizado y para ello se basó justamente en alternancias como larθal / larθial, arnθal / arnθial. Rix repitió esta explicación en uno de sus últimos trabajos (Rix 2004, p. 947). En él señalaba : « The assumption of palatalized rather than aspirated stops allows the morphologically inexplicable alternation Larθia / Larθa (late Etruscan Larθial / Larθal in the genitive of the praenomen Larθ to be understood as orthographic variation »[1].
La explicación de Rix es seguida también por Steinbauer, pero con un matiz importante : Steinbauer (1999, p. 26) se pregunta si en algunos casos el grafema <i> puede estar representando en realidad un segmento fonológico (¿ desarrollado dialectalmente ?) y menciona como un indicio a favor de ello variantes como arnθeal que se encuentran muy esporádicamente en Volsinii, Vulci, Perusia y Tarquinia[2].
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La explicación gráfica ha sido contestada por de Simone (1988, p. 33) y por Agostiniani en diferentes trabajos (véase sobre todo Agostiniani 1986, p. 115 y Agostiniani 1992, p. 138), con el mismo argumento : no existen, aparte de los casos de arnθial, larθial, otros ejemplos de alternancia gráfica θ / θi como sería de esperar si detrás de esta alternancia se ocultara un sonido palatalizado.
La explicación fonológica, que puede encontrarse por ejemplo en Agostiniani (1986), plantea la relación entre las formas con i y las formas sin i en un nivel diacrónico y sitúa las formas con i en el principio del proceso y las formas sin i en el final. Debemos por tanto postular larθia(l) > larθa(l) y ar(a)nθia(l) [y demás variantes] > arnθial, lo que en principio está de acuerdo con la documentación – hay más ejemplos con i que sin i en época arcaica – y también con el funcionamiento de la lingüística histórica, para la que resulta más fácil y más simple aceptar la desaparición de un sonido que su aparición.
Si acudimos directamente a la documentación etrusca, el panorama que se puede observar es más complejo de lo que pudiera pensarse a la luz de las dos perspectivas que acabamos de ver. Son de gran importancia las siguientes particularidades :
(1) Es cierto que en etrusco arcaico las formas del genitivo son mayoritariamente con i (larθia, larθiia, larziia ; araθia, aranθia, arunθia, etc.) y que, en la medida en que puede ser controlado, se trata de nombres masculinos. Sin embargo, encontramos ya, aunque excepcionalmente, formas sin i : en Volsinii (Vs 1.16 mi larθa teθunas) y en Tarquinia (Ta 2.5 mi larθa ṡarṡinaia)[3]. Esta última inscripción, hay que reconocerlo, es un poco desconcertante : el nombre larθa parece ir seguido de un gentilicio en femenino (ṡarṡinaia) ; La solucion facilior es suponer que estamos ante un nombre individual seguido del gentilicio materno ; pero ¿ no podríamos interpretar aquí larθa como femenino ? Sabemos que el femenino de larθ – no claramente documentado en etrusco arcaico – es larθ‑i, más recientemente larθia. ¿ Podría suponerse que estas formas son innovaciones y que larθ podría en origen utilizarse para referentes masculinos y femeninos indistintamente ? Estamos aquí ante uno de los típicos ejemplos de situaciones irresolubles en la interpretación de un texto etrusco. En cualquier caso, el ejemplo de Volsinii es más claro, y ha de admitirse por tanto que en época arcaica las formas sin i ya existían.
(2) Al lado de las formas larθia, ara(n)θia (y variantes), con desinencia ‑ia, encontramos formas en ‑aia : larθaia, larθaial ; arantaial. Una vez más se trata de formas estadísticamente poco relevantes. Pero también merecerían una explicación. El problema se suele resolver analizándolas como femeninos (Rix 1984, p. 213 ; Steinbauer 1999, p. 399, p. 434), pero este análisis no viene apoyado por ninguna evidencia clara, y en algunos casos resulta muy discutible[4]. De todos modos, las dejaremos fuera de nuestro estudio.
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En el cuadro siguiente se recogen las formas arcaicas (excluidas las formas en ‑aia(l) mencionadas) que hemos podido localizar :
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larθ |
ar(a)(n)θ |
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Formas coni |
larθia Caere (8 +2 [ETP]= 10 ),
Volsinii (9), Volaterrae (1), Arretium (1), Faesulae (1), Umbria (1), Ager Pisanus (1 [ETP]), OB (1)
larθial Liguria (1)
lartial Vulci (1)
larθiale Vulci (1)
larθiia Tarquinia (1) Volsinii (1), OA (1 [ETP]) larziia Caere (1) |
araθia Tarquinia (2 [ETP]), AT (1), Volsinii (1), Ager Saenensis (1), Clusium (2)
araθiale OA (1 [ETP])
araθiia OA (1), OI (1)
aranθia Volsinii (14 + 1 [ETP])
aranθial Volsinii (1)
arnθial Volaterrae (1), Felsina (1), OA (2)
araziia (?) Latium (1)
arunθia Volaterrae (1), Ager Volaterranus (1 [ETP]), Arretium (1)
arunθial Ager Saenensis (1) aranθial Pisae (1 [ETP]) |
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Formas sin i |
larθa Tarquinia (1), Volsinii (1) |
El material etrusco reciente, más numeroso, nos permite trazar un cuadro más completo. Además, nos lleva a una conclusión muy interesante : es evidente que son las formas sin i las que predominan en la documentación (aunque conviviendo con formas con i), pero en dos lugares, Volsinii y Perusia, la situación es la inversa, pues se produce un dominio abrumador de las formas con i.
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Volsinii |
4 larθial, 3 larθeal |
0 larθal |
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3 arnθial |
0 arnθal |
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Perusia |
15 larθial (+1 lartial = 16) |
3 larθal |
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15 arnθial, 1 arntθeal |
3 arnθal |
A modo de ejemplo podemos comparar estos datos con los de Clusium :
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Clusium |
5 larθial |
64 larθal |
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1 Arntheal |
72 arnθal (+ 1 Arnthal = 73) |
Como puede verse, la situación de Clusium presenta el extremo opuesto, con una mayoría muy amplia de ejemplos sin i. Debido al volumen menor de ejemplos, otros lugares no ofrecen esta mayoría aplastante de formas sin i, pero en la epigrafía de Tarquinia y del Ager Tarquiniensis, en la de Vulci o en la del Ager Saenensis, predominan las formas sin i.
Lo que a mi juicio resulta sorprendente es que esta distribución geográfica, con el comportamiento excepcional de Perusia y Volsinii, ya fue establecida por Carl Pauli en el segundo volumen de sus Etruskische Studien, publicado en 1880, hace 130 años (Pauli 1880). Es cierto que la exposición de los datos presentados por
page 65Pauli muestra aspectos erróneos o ya obsoletos[5], pero debemos reconocerle que fue capaz de identificar la situación particular de Perusia, así como de sugerir algunas explicaciones que, como veremos enseguida, resultan ser muy interesantes. Este trabajo de Pauli parece haber caído en el olvido más absoluto, ya que la bibliografía reciente sobre etrusco no lo menciona : ni lo cita Agostiniani en su artículo dedicado al etrusco de Perusia, ni se encuentra alusión alguna a esta distribución geográfica en las discusiones sobre la alternancia larθial / larθal y arnθial / arnθal contenidas en la bibliografía citada más arriba.
Volvamos precisamente a esta alternancia : se observa, por consiguiente, una clara distribución geográfica. Admitiendo, de acuerdo con la documentación, que las formas con i son las más antiguas, podríamos considerar la extensión de las formas sin i como un fenómeno innovador que se ha extendido por una parte importante de Etruria (no podemos precisar exactamente la extensión total por falta de datos – con la evidente excepción del « islote » formado por Volsinii y Perusia). Esta distribución convierte en aún más difícil la hipótesis de Rix, ya cuestionada por las objeciones de Agostiniani y Steinbauer que hemos mencionado más arriba : si la alternancia gráfica θ / θi fuera simplemente el reflejo de un sonido palatalizado que no tenía un grafema propio, se esperaría una distribución más equilibrada de las dos grafías.
Pero creo que tampoco resulta válido ver la alternancia ‑ial / ‑al simplemente como un fenómeno de evolución, en el que larθial se convierte en larθal y arnθial en arnθal como resultado de una ley fonética. Contra esta posibilidad hay que insistir en que las formas con i y sin conviven siempre a lo largo de la documentación del etrusco reciente, y sólo en ciertos lugares (Clusium, por ejemplo), un tipo de formas ha reemplazado casi totalmente el otro. Encontramos por tanto ejemplos como el siguiente :
Ta 1.214 trepi. θanχvil. vipenas. arnθal arnθialiσla. puia
en donde en una misma inscripción conviven una forma en ‑al y una forma en ‑ial, ambas genitivos del nombre masculino arnθ.
Por otra parte, si, se tratara de un simple cambio fonético, ¿ por qué no afectaba también a los genitivos femeninos en ‑ial de larθi, arnθi, (y a otros nombres acabados en ºθial, que sistemáticamente aparecen con i) ?
A mi juicio, la explicación del origen de las formas sin i ha de ser de tipo analógico : de entrada, tenemos formas como laris / larisal (en el Norte lariš, larišal), lauχumes / lauχumesal, en las que encontramos nombres masculinos en las que la desinencia originaria ‑(i)al ha sido reemplazada por ‑a(l) (y en este caso, parece tratarse claramente de un cambio fonético, vid. Agostiniani 1986), que ofrecen un modelo paradigmático Nominativo ‑ø, Genitivo ‑al. Tenemos además la asociación de las formas en ‑ial con temas femeninos en ‑i, como ati / atial, uni / unial. Y finalmente, y de una manera decisiva en ciertas zonas, encontramos la aparición de los femeninos
page 66larθ‑i, arnθ‑i, cuyo genitivo era, lógicamente, larθial, arnθial. La voluntad de diferenciar los genitivos masculinos de los femeninos habría favorecido por tanto la extensión de las formas sin i para los nombres masculinos. En este sentido conviene observar atentamente estas cuatro inscripciones de Tarquinia :
Ta 1.84 (2:) p[u]σlinei : vela : (m)larθal : seχ 2apunalc : (f)larθial : aninas 3velθurus : velθuruσla 4puia : avils : XXXVIII lupu
Ta 1.96 (4s/2:) lartiu cuclnies. (m)larθal. clan 2(f)larθialc einanal 3camθi eterau
Ta 1.185 (3:) aramθa : apatrui : (m)larθal : seχ : (f)larθialc : aleθnal: camnas 2(m)arnθal : (m)larθaliσla : puia : apatruis : pepnesc : bhuzcnesc : velznals[c : ati : n]acna : pures : nesiθvas : 2avils : cis : muvalχls
Ta 1.191 (4:s) velθur (m)larθal. clan 2pumpual clan. (f)larθial 3avils. cealχls. lupu
En estas cuatro inscripciones hay una distribución muy clara : las formas en ‑al son masculinas, las formas en ‑ial son femeninas. Evidentemente, estos cuatro ejemplos muestran la culminación del proceso innovador, mientras que casos como el mencionado más arriba de Ta 1.214 (trepi. θanχvil. vipenas. arnθal arnθialiσla. puia) permiten constatar que dicho proceso innovador no llegó a extenderse del todo.
Queda sin explicar por qué Volsinii y Perusia fueron prácticamente impermeables a la innovación. Pauli apuntaba una posible razón : la existencia de femeninos en ‑ia para los nombres larθ, arnθ, larθia, arnθia, (este último, sin embargo, es más dudoso, vid. Hadas‑Lebel 2004, p. 276) como formación alternativa a los femeninos en ‑i (larθi, arnθi), formación que además aparece en el Norte de Etruria (Hadas‑Lebel 2004, p. 277). El genitivo de estos nombres en ‑ia era ‑ias (larθias, *arnθias, documentado como arntiaś en Cortona, pero la interpretación del texto no es muy clara), lo que evitaba cualquier confusión con larθial, arnθial masculinos. Podemos suponer entonces que en los lugares donde eran utilizadas las formas en ‑ia la presión sobre los genitivos masculinos larθial, arnθial no era tan fuerte. Desgraciadamente, la documentación es demasiado limitada como para poder reforzar esta hipótesis.
En conclusión, la alternancia del tipo larθal / larθial, arnθal / arnθial no puede explicarse, en mi opinión, ni como la manifestación de la dificultad en reflejar un sonido palatalizado, ni como un cambio fonético regular. Resulta más atractiva una explicación de tipo « variacionista », ya que observamos particularidades geográficas en su distribución, y también porque las formas con i y sin i conviven, incluso en una misma inscripción, durante la mayor parte de la historia de la lengua etrusca. De acuerdo con el análisis presentado aquí, convendría considerar las formas sin i como una innovación extendida por gran parte del dominio lingüístico etrusco (pero con la excepción, ya vista por Pauli, de Perusia y Volsinii), y habría que atribuir esta innovación a presiones de tipo analógico y a la voluntad de diferenciar los genitivos masculinos de los femeninos (como puede constatarse claramente en cuatro inscripciones de Tarquinia : Ta 1.84, Ta 1.96, Ta 1.185 y Ta 1.191).
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Referencias bibliográficas
ET : H. Rix (ed.) Etruskische Texte. Editio minor, Tübingen, 1991.
ETP : R. Wallace et al., Etruscan Texts Project : http://etp.classics.umass.edu/
Agostiniani L. 1986, « Sull’etrusco della stele di Lemno e su alcuni aspetti del consonantismo etrusco », Archivio Glottologico Italiano 71, p. 15‑46.
— 1992, « Contribution à l’étude de l’épigraphie et de la linguistique étrusque », Lalies 11, p. 37‑74.
Boisson Cl. 1991, « Note typologique sur le système des occlusives en étrusque », Studi Etruschi 64, p. 213‑234.
de Simone C. 1988, « Gli imprestiti etruschi nel latino arcaico », in E. Campanile (ed.) Alle Origini di Roma, Pisa, p. 27‑41.
Hadas‑Lebel J. 2004, Le Bilinguisme étrusco‑latin, Louvain‑Paris‑Dudley, Ma.
Pauli C. 1880, Etruskische Studien 2. Ueber die etruskischen Formen arnθial und larθial, Göttingen.
Rix H. 1984, « La scrittura e la lingua », in M. Cristofani (ed.), Gli Etruschi. Una nuova immagine, Firenze, p. 210‑238.
— 2004, « Etruscan », in R. D. Woodard (ed.), The Cambridge Encyclopedia of the World’s Ancient Languages, Cambridge, p. 943‑966.
Steinbauer D. 1999, Neues Handbuch des Etruskischen, St. Katharinen.
[1]. Conviene recordar que tanto en Rix (1984) como en Rix (2004) se admite para <θ> también un valor fricativo /θ/. Por otra parte, en Rix (2004, p. 947) se reconocen las dificultades tipológicas del sistema fonológico resultante, dificultades notadas por Boisson (1991).
[2]. El ejemplo de Tarquinia es, en la edición de Rix (ET), fruto de una integración : a[rn]θeal.
[3]. A lo largo de este trabajo citamos siempre la edición de ET y para las inscripciones aparecidas con posterioridad a ET, la edición de ETP.
[4]. Así, en un texto como mi larθaia telicles leχtumuza (OA 2.2 ; 7 : s), larθaia parece ser un nombre individual masculino. Las formas son : larθaia Vulci (1), OA (1), OB (1) ; larθaial Vulci (1) ; arantaial Caere (1).
[5]. Cuando, por ejemplo, trata de encontrar testimonios de larθi y arnθi masculinos (!) para justificar las formas con i. En todo caso, conviene recordar que el trabajo de Pauli pretendía demostrar – acertadamente – que muchos de los ejemplos de larθial y arnθial eran genitivos de nombres masculinos. Tal era la situación de la hermenéutica etrusca cuando se publicó su obra.
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